No sé si es desamor o disciplina
ignorar los reflejos en tu piel.
Hoy hago una protesta clandestina,
escondo las manos rojas y un pincel.
Ahora los garabatos sangrientos
son el testimonio de los tormentos
en tu recámara igual a un cuartel.
Ensucio las paredes como evidencia
porque en tus ojos no conservas nada,
estatua de cristal e indiferencia.
Algún día con frialdad absoluta
apagaré esta esquirla humeante,
en mi pecho ya no será relevante
ver otras manos sobre tu cintura.

