Adornas la trinchera, donde supongo
bailas con un misil sobre los hombros.
Te crees a salvo, fuera de mi alcance,
ausente en el radar de mis avances.
Quiero decir que yo solamente veo
las ondas que propagas en el agua
del estanque, en el fragor que causas
cuando me enardeces sin rodeos.
Tan fácil que sería hablar del hambre,
de las ansias que tu ausencia invoca.
Pero debo disimular, fingir que todo
está bien, que no muero sin tu boca.
Jugamos a la guerra y me haces seguir,
peligroso y mudo, como un proyectil.
