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De promesas indecentes y proezas increíbles
te imagino, y te persigo entre el vapor de estas
semanas de agua y miedo, y te dibujo en el aire
como un loco a media calle dirigiendo el tráfico
desde los camellones, y te observo, ejecutiva,
en la oficina del banco azul donde trabajas, y te
acoso desde el teléfono porque es tan divertido oír
tu voz por la bocina, y te pido ayuda para doblar
como pirámide el dólar de la suerte que me diste
y guardo ahora en la cartera, junto al trébol marchito
de cuatro hojas y enmicado, y te incluyo con mucho
gusto en mi vida, y te presumo despeinada y de bandera
porque me gusta como eres, y te platico historias tontas
acerca del pantano del pasado, cuando aún no existías,
cuando aún no rugía roja tu boca bomba de besos veloces
en mi alma armada de arañada melancolía.