Algo envenena mi sangre
peor aún que el adamantio.
Es su indiferencia mutante
para abandonarme en el patio.
Yo sé mucho más sobre el tiempo
de lo que tal vez ella imagina.
Algún día pagará con fuego
sus devaneos de golondrina.
Mientras tanto, yo desgarro
en las noches pieles tiernas
para ensayar la rutina.
Porque cuando ella regrese,
seré ese animal nocturno
que entre sus piernas resucita.
